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Sábado 10 Abril 2021 07:54 hrs

Manuel Álvarez Bravo: El último de los grandes

Guadalupe Castro | 22:06 - 06 Febrero 2013

 

 

RETRODIGITAL

 

 

Luis Enrique Ramírez

 

 

 

Google, con su “doodle” del martes, devolvió el recuerdo de don Manuel Álvarez Bravo, al conmemorarse el aniversario 111 de su nacimiento. Entrevisté en 1993 a quien es considerado el más grande fotógrafo mexicano, compañero de artistas como Diego, Frida, Tina, Siqueiros… Don Manuel fue el último en morir, justo al cumplir los 100 años de edad. Para el momento de esta entrevista era el único sobreviviente de su generación, y lo más notable: seguía trabajando.

Fue una entrevista largamente buscada, en ocasión de sus 90 años de vida, pero para cuando el maestro tuvo a bien concederla ya había cumplido 91.

Álvarez Bravo fue uno de los pocos personajes del mundo cultural a los que no volví a ver personalmente luego de entrevistarlos. Colette, su esposa, era una barrera infranqueable hasta para sus amigos, ya no digamos para los periodistas…

Por cierto, uno de los aspectos curiosos de esta entrevista es haberle mencionado a don Manuel, en una de las preguntas, a su primera esposa, la también legendaria fotógrafa Lola Álvarez Bravo cuyo nombre estaba prohibido pronunciar no tanto por él como por su segunda cónyuge.

Lola, valga comentar, fue en cambio una señora a la que tuve el privilegio de tratar de manera cercana a lo largo de sus últimos años de vida. Hoy que tanto Manuel como Lola han muerto, puedo revelar que la idea de preguntarle a él acerca de ella fue idea de la propia Lola: una travesura en la cual me pidió ser su cómplice pues, aunque cuando la conocí era una mujer sola, pobre y enferma que se quejaba mucho de haber llegado a vieja, Lola conservó hasta el final su característico sentido del humor. Algún día publicaré aquí también alguna de mis entrevistas con Lola Álvarez Bravo.

Debo decir, sin embargo, que aquel único encuentro que tuve con Manuel Álvarez Bravo fue extenso, pasé con él toda una tarde y la conversación fue mucho más larga que la entrevista, pues durante ésta mantuvo cierta tensión que desapareció al apagar la grabadora. A la fecha creo que pidió permiso, o por lo menos avisó a su esposa que este servidor se quedaría más tiempo, pues dio paso a la charla informal sólo después de haberse retirado un rato, quizá a hablar con Colette.

Durante la plática conservó su sencillez y se mostró interesado en su interlocutor: de dónde venía, dónde había trabajado, cómo era mi familia, quiénes mis amigos del medio, etcétera… Le dí a don Manuel la noticia de que Paula Haro, la hija de Elena Poniatowska, había encontrado por fin su vocación y era la fotografía; lo descubrió gracias al trato con él, quien meses atrás la había fotografiado desnuda pues Paula, en virtud de su gran belleza, modeló por entonces para varios artistas. 

Por ello sé que no eran dichos: don Manuel seguía trabajando en la fotografía con todo y el peso de los años y así debió continuar, ignoro cuántos años más.

Dejo a su consideración la entrevista, queridos lectores y lectoras, en espera de su opinión acerca de seguir alimentando esta sección con trabajos periodísticos de antaño que, por una u otra razón, conservan vigencia.

 

LER

 

 

 

 

 

 

Álvarez Bravo, el sobreviviente

 

 

 

El estudio parece una casona de pueblo: las habitaciones repegadas a las cuatro bardas y un enorme patio en medio, pilares y plantas en los corredores. Es la calle de Espíritu Santo, en Coyoacán. Allí transcurren las tardes de Manuel Álvarez Bravo. Enfrente está su casa, donde el día anterior Colette Urbajtel, la esposa, accedió por fin a que tuviera lugar esta entrevista luego de tres meses de insistencia. “Le ruego que no vaya a ser usted demasiado pesado”, advirtió ella con su acento francés, y el fotógrafo de 91 años de edad explica ahora la causa: 

“Me canso de hablar, me canso pronto…”

 

--¿Y de tomar fotografías no se ha cansado, maestro? ¿Lo sigue haciendo?

 

--Todavía, sí…

 

--¿Qué es lo que fotografía ahora?

 

--Pues lo que más se me facilite… Bueno, prácticamente tomar fotografías, ahorita, ahorita, no. Tengo varios meses que no. Resulta que he tomado demasiadas fotografías, sobre todo en los viajes, que se han acumulado porque es un poco demasiado lo que contiene un rollo. Lo que estoy haciendo ahora con mi ayudante es hacer de las de 35 milímetros pequeñas amplificaciones para ir viendo lo que hay, pero son cantidad, muchísimas…

 

--¿Paisajes, retratos?

 

--Sí, de todo, de todo. Paisaje… algo, muy poco, en las calles, en el centro… Un problema es el cambio tremendo que hay en la sociedad. Cuando se caminaba por ejemplo en Coyoacán hace 30 años, cada tanto pasaba una persona, de repente un coche, ¡pero actualmente el movimiento es tremendo! La afluencia de coches, la cantidad de gente es muy grande, entonces ya se trata de otro fenómeno, ya no es un símbolo de algo que se está expresando, sino que es un fenómeno de multitudes, entonces empieza a ser muy difícil … Pero es muy interesante e importante. 

 

--¿Usted ha captado este fenómeno de multitudes?

 

--Trato. Yo creo que los jóvenes, como tienen los ojos nuevos, podrán captarlo tal vez mejor que los que tenemos bastante tiempo y estamos acostumbrados a tomar el andar, las miradas, las expresiones, etcétera. A mí particularmente se me dificulta mucho la cuestión del tránsito y la cantidad de automóviles que tapan todo ¿verdad?, pero eso mismo es un elemento plástico, relacionado con la gente, con la arquitectura, o por sí mismo.

 

--Entonces ¿se siente rebasado?

 

--Pues no. Soy fotógrafo, no sé hacer otra cosa… Por ahí anda le problema… 

 

 

*   *   *

 

 

Conserva el aire tímido con que Elena Poniatowska lo dibuja en Tinísima. Sentado en un equipal, parece seguir siendo aquel joven aprendiz de fotógrafo arrobado por Tina Modotti que busca lugar siempre en una pequeña sillita en casa de la fotógrafa, a diferencia de su entonces esposa Lola Álvarez Bravo cuya desenvoltura lo apenaba y también, sin quererlo, lo apagaba.

 

--Mi trabajo en sus inicios tuvo un aspecto de afición amateur, ¿verdad?, que creo que conservo -dice Álvarez Bravo y da lugar al asombro.

 

--¿Pero cómo? ¿Es eso posible?

 

--Bueno, sí, porque no es propiamente un oficio, no tengo por ejemplo un estudio para el público, hago mis fotos libremente; hice mucho tiempo encargos con los pintores de los que aprendí mucho, vea usted, es otra forma de influencia… Diego Rivera, Clemente Orozco, Siqueiros, fui muy amigo de Tamayo, de Rodríguez Lozano, de Carlos Orozco Romero, de todos ellos. Y aprendía, aprendía… Influencia y aprendizaje. Por ejemplo, me encargaban los muralistas que tomara el mural completo y además los detalles que yo quisiera, entonces esto era ya una significación de observar más para escoger. ¿Ve usted qué importante?

 

--¿Es viendo como aprende el  fotógrafo? 

--Se aprende con todos los elementos vitales, no sólo con ver. Con oír, con hablar, con leer…

 

--¿Y eso se traduce en una foto?

 

--No, en una foto no, se traduce en un bagaje, un bagaje de influencias, que se acumulan. Cuando se trabaja no se piensa en nada; lo que sale de eso es el choque con la realidad.

 

--¿Entonces sus fotografías nunca son pensadas?

 

--No. Aún en el caso de las fotografías que se hacen posando, por ejemplo las de desnudo, se busca lo más posible la espontaneidad, hasta el grado de que muchas veces no existe entre la modelo y el fotógrafo el choque necesario  para hacer algo interesante.

 

--¿Debe haber identificación profunda entre el fotógrafo y modelo?

 

--Sí, cuando menos momentánea ¿verdad?

 

--Y su mejor modelo ¿quién ha sido?

 

--Es difícil decirlo porque siempre son diferentes. No es como por ejemplo los pintores, que tenían una modelo que llegaba todos los días, posaba y se trabajaba muy estrechamente. En mi caso pues son diferentes…

 

--Cuando el modelo es otro fotógrafo ¿se da más fácil el entendimiento?

 

--No he tenido oportunidad de tener fotógrafos como modelos.

 

--¿Y Lola Álvarez Bravo?

 

--No.

 

--¿No es ella la presencia de "Sábanas" y de tantas otras de sus fotografías?

 

--¡Ah bueno!... Sí, sí es cierto… Es cierto, sí…

 

--¿Trabajar con otro artista da como resultado un mayor entendimiento?

 

--Depende de diferentes circunstancias, muchas veces hasta del momento, de los sentidos, digamos aún de lo que se está oyendo o de lo que se ha comido… Todas esas cosas físicas que producen eso que se llama sensibilidad.

 

--¿Influye también el factor suerte?

 

--Nnnnno precisamente suerte, sino la capacidad digamos de darse a entender; aunque sea sin palabras, pero dar a entender lo que uno está necesitando en ese momento…

 

--La fotografía es momento…

 

--Pues sí, a diferencia por ejemplo de los pintores, y esa es justamente la dificultad también para la fotografía. El Pintor puede estar insistiendo, el fotógrafo no…

 

--¿Fotografiar es detener el tiempo?

 

--No, no, no se trata de tiempo, el tiempo en realidad es algo que no puede definirse, que no puede explicarse… No se trata de tiempo. El tiempo existe en la cinematografía. En fotografía se trata de chispa, de relación con la realidad, de hacerla existente o de inventarla…

 

 

*   *   *

 

 

En la mirada de Manuel alvarez bravio refulge todavía el brillo de la curiosidad, de la observación, del escrutinio. Todo lo ve con ojos de fotógrafo, “no por conciencia sino por costumbre”, aclara.

 

--Había un músico maestro que se llamaba Telemann que decía a sus discípulos que el músico debe estar siempre silbando algo. Derivado de eso, podría decirse que el fotógrafo debe de estar siempre mirando. Mirando algo, aunque no lo reduzca a la posibilidad de una fotografía… Que tenga el sentido de lo que está viendo, la conciencia de lo que está viendo.

 

--¿Y a usted qué le gusta ver, maestro?

 

--Todo.

 

--¿Todo? Aún en una ciudad y en un mundo tan calamitosos y tan…

 

--Pero siempre hay una capacidad de abstracción. Si está usted, por ejemplo, vamos a suponer, oyendo música, y afuera hay unas campanas que repican o el ruido de los aeroplanos que pasan, usted sigue oyendo la música; está usted haciendo abstracción de eso, de otro sonido. Lo mismo resulta en todas las otras circunstancias digamos de artista…

 

--Ese modo de mirar ¿Se aprende?

 

--El fotógrafo lo ve como una realidad, se acostumbra. Como el músico, que ni cuenta se da que está silbando, la mirada va a tener que corresponder a las costumbres del fotógrafo, a su vida diaria…

 

--¿Eso implica que usted, por ejemplo, vea la vida de una forma distinta de la del resto de la gente?

 

--No, yo creo que no.

 

--Porque no todos podemos tener esa óptica plástica…

 

--Sí, nomás que diferente, porque cada persona, cada artista, tiene diferentes influencias, diferentes costumbres, diferentes necesidades y diferente vida cotidiana, y eso lo diferencia de los demás. Son los rasgos de peculiaridad que pueden salir en su trabajo, aunque no sean evidentes en una fotografía sino en el conjunto de fotografía que es la finalidad última del fotógrafo: la exhibición o el libro.

 

--Maestro, de su obra, de la observación de fotografías terribles como la del obrero asesinado en huelga, puede concluirse que a usted no le ha interesado captar únicamente lo bello…

 

--Ah no, ¿Se refiere usted a lo bonito?

 

--¿Bello y bonito son cosas distintas?

 

--Sí si si, cómo no, por ejemplo hay belleza en un desnudo de Rembrandt y el modelo no es nada bonito. Además, lo bonito y lo bello cambian con los tiempos, son conceptos que se derivan de las circunstancias históricas, eso es importante… Pero en los desnudos de Rembrandt hay una belleza de expresión de Rembrandt mismo ¿verdad?, independientemente de la forma.

 

--Pero usted, en lo que se refiere a los desnudos, sí busca siempre cuerpos bellos.

 

--Nnnno siempre, por ejemplo en una que se llama creo “Venus” no es nada bonito el cuerpo, no sé si la conoce, es una cosa un poco abstracta que han dicho que se parece a las figuras de Tlatilco; y no es bonita, pero tiene un sentido…

 

--Para usted, entonces, ¿qué es lo bello?

 

--Lo bello, bueno, no sé quién decía hace tiempo que la palabra bello es una palabra fea. Eso es muy difícil de explicar ¿verdad?, pero sería, por decirlo así, darle sentido a algo más allá de lo bonito.

 

--¿Lo que usted retrata es lo que en ese momento le pareció bello?

 

--No, no no. Lo que sucede es… Bueno, hay una frase que quizá lo defina, es de Picasso, que decía: “No busco, encuentro”. Es decir, no es cuestión de estar buscando o pensando sino de que se dé el choque, la chispa que se produce cuando el individuo está cargado de experiencias y de observación de la realidad.

 

--Y las dificultades ¿cuáles son?

 

--Bueno, cuando se hace una cosa con espontaneidad no hay propiamente dificultades. Las dificultades podrían ser técnicas, pero actualmente, con el desarrollo de los aparatos, de la industria, hay más libertad ¿verdad? Sin embargo, cuando era necesario medir la luz y todo eso, de cualquier manera al hacer por ejemplo un desnudo – digo un desnudo porque es más difícil y más sujeto a diferentes condiciones –, era el choque, la chispa finalmente, lo que determinaba el resultado. Las dificultades a veces consisten en no tener tiempo suficiente. Por ejemplo, en 1943 yo entré a trabajar al cine fui fotógrafo de fijas, hice segundas cámaras, y todo eso me absorbía el tiempo. Mi producción personal bajó…

 

--¿Y no le gustó el cine?

 

--Yo creo que todas las experiencias humanas son importantes ¿verdad? Y maduran. Pero en uno se ha formado desde el principio un sentido, un ritmo interior; apartarse es, decía un filósofo, dejar de ser lo que es. En cierta forma, dejar de existir.

 

--¿No se identificó usted con la imagen en movimiento?

 

--Es… Es otra cosa. Lo mío es un poquito más individual. De haber hecho carrera en el cine, yo habría tenido quizá la tendencia de lo que se está haciendo actualmente: un cinematógrafo más de imágenes que de anécdotas, imágenes cuya continuidad produce un sentido.

 

--Se habría adelantado a su tiempo…

 

--No se puede hacer todo… Hice un ensayo de cine hace tiempo en Tehuantepec, y muy posteriormente, hace unos años, cuando estaban apenas haciendo el metro en la calzada de Tlalpan, hice otro que no pude terminar. Tiene uno compromisos, viajes, su cosa natural de fotógrafo… Pero allí está ese trabajo, algún día quizás pudiera tomar material nuevo y pues redondear…

 

 

*   *   *

 

 

Sobreviviente de una generación gloriosa para el arte en nuestro país, Manuel Álvarez Bravo conoció de cerca a quienes ahora son mitos: Diego Rivera, Frida Kahlo, Tina Modotti. Los trató, fueron sus amigos. Nahui Olin, Dr. Atl, Manuel Rodríguez Lozano, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, José Revueltas, Salvador Novo, Xavier Villaurrutía. “Sí, ahora han resultado leyendas” dice, y sonríe.

 

--¿Le da risa?

 

--No, no risa, es… Bueno, eso es, como quien dice, un repaso a la historia… Hay momentos en que uno piensa en algo y parece que lo está viendo, ¿no le ha pasado a usted? A mí me ocurre, por ejemplo cuando pienso en los años de los muralistas y tengo la impresión de que en ese momento puedo hablar con aquellas personas, aunque hayan muerto, parece que los está uno viendo…

 

--¿Es como revivirlos?

 

--Pues no, eso que le digo es momentáneo… Lo otro sería asunto tal vez de gentes cuya profesión fuera eso, revivir la historia.

 

--¿Usted notó en Frida, en Tina, en Diego, características que pudieran volverlos seres mitológicos?

 

--¡No! Pues está uno viviendo, ¿cómo va a imaginar tal cosa? ¿Cómo puedo saber ahorita cuántos mitos hay por ahí? Personas normales que dentro de 50 años serán convertidas en leyendas ¿verdad?

 

--No, los tiene uno demasiado cerca.

 

--¿Y si ocurriera lo mismo con Manuel Álvarez Bravo?

 

--(Ríe) ¡No, ni lo pienso, ni realmente para mí es problema!

 

--¿Le gustaría o le asustaría?

 

--No, en realidad soy completamente independiente de esas imágenes exteriores. No tengo ese sentido. ¡Bueno, eso sería digamos un narcisismo! Aunque dicen que todos los artistas son narcisistas, pero en lugar de contemplarse a sí mismos se contemplan en su obra. Y eso es verdad, hasta cierto punto.

 

--Pero usted ¿se ha propuesto trascender como artista?

 

--No, absolutamente no. Fíjese usted lo que está sucediendo ahora: antes, los pintores pintaban por pasión, nada más, y hasta por competencia, pero no por conocer su fama o lo que sea. Actualmente, con esa cosa que llaman “promoción”, algunos artistas se precipitan un poco en eso en vez de que su obra los desarrolle, los eleve, llegue o no llegue o no el día en que pueda tener alguna importancia.

 

--¿Usted por qué ha hecho fotos?

 

--Por la actividad natural de hacer algo. Un individuo escoge la pintura, pues hace muebles, los fotógrafos hacen fotografías… Ahora, las cosas tienen sus derivados, pero son eso, derivados, no ha habido una pretensión de que “Yo voy a hacerme un nombre”, “Yo voy a formar una escuela”, no, nada de eso, nada de eso.

 

Manuel Álvarez Bravo se incorpora. “Perdón, ahora regreso”. Atraviesa los corredores de la casona con pasos menudos. Se pierde en una pequeña pieza de la que sale un cuarto de hora después. Vuelve a tomar asiento en el equipal y solicita: 

 

“Sigamos conversando, pero sin grabadora por favor, sin grabadora…”

 

 

El Financiero, Mayo de 1993

 

 


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Publicado el Miércoles, 06 Febrero 2013 22:06
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