fuentesfidedignas.com.mx

Sábado 10 Abril 2021 09:08 hrs

Réquiem por #LaChamana: Entrevista a Chavela Vargas

Guadalupe Castro | 20:18 - 05 Agosto 2012

Chavela Vargas. Foto: Pedro Valtierra

 

Cuando todos la daban por muerta, en 1991 Luis Enrique Ramírez realizó la primera entrevista a Chavela Vargas tras su retiro de los escenarios. Hoy Fuentes Fidedignas presenta este documento, a manera de homenaje luctuoso.

 

 

 

En marzo de 1991, en la ciudad de México, encontré a Chavela Vargas cantando en un pequeño bar de Coyoacán, El Hábito, que manejaba Jesusa Rodríguez. 

En el medio artístico se aseguraba que Chavela había muerto de cirrosis debido a su alcoholismo, lo cual me despertó dudas acerca de la autenticidad de esa Chavela. Además existía el antecedente reciente de una falsa “Chelo Silva” que se presentaba bajo ese nombre en cantinas del DF, pero que no era la original, puesto que ésta ya había fallecido. 

Durante un par de semanas me dediqué a indagar si esa Chavela Vargas era Chavela Vargas, la real, pero también la de los incontables mitos, como aquel de que ella forjó el término “buga” para identificar a los heterosexuales dentro del ambiente gay, desde el día en que arrojó a Emilio “El Indio” Fernández (personaje de proverbial homofobia) sobre un lecho de bugambilias.

En mis pesquisas, fue definitiva la ayuda de Carlos Monsiváis: “Es ella, es Chavela”, me aseguró, y entonces me dí a la tarea de entrevistarla para la sección cultural de El Financiero que ya desde entonces dirigía Víctor Roura.

No fue difícil. Pasé con Chavela al camerino al término de su recital, me atendió con amabilidad pero, para la entrevista, me citó en su casa, en el pueblo de Ahuatepec, cerca de Cuernavaca. Al DF sólo iba cada fin de semana exclusivamente a cantar, me explicó: llegaba en camión una hora antes, vocalizaba y, al terminar la presentación, se iba a dormir a casa de una amiga para al día siguiente, temprano, regresar a su pueblo otra vez en camión.

Cuando llegamos a Ahuatepec, Pedro Valtierra como fotógrafo y un servidor como reportero, resultó que Chavela había olvidado la cita. “Se fue a otro negocio”, nos explicó la señora que le ayudaba en las tareas domésticas y regresaría unas 3 ó 4 horas después.

En aras de hacer tiempo, Pedro y yo nos fuimos a tomar unos tequilas para el frío. Llegamos a la entrevista en franco estado de ebriedad, hecho que causó simpatía en Chavela quien, sobria para entonces, solía recordar la parte divertida de sus años de alcoholismo y no el lado negativo, ese que por un momento pareció haber acabado con su carrera artística.

Algo pasó que, pese a todo, las fotos de Valtierra salieron sensacionales y mi entrevista, espero que por lo menos decorosa. El mérito que nadie le puede quitar, es que fue la primera que se le realizó a Chavela Vargas e México cuando todos la daban por muerta.

Siempre que la volví a ver, Chavela solía agradecer aquella entrevista publicada en tres partes. Era insistente en un detalle: “Fuiste muy respetuoso con los aspectos personales”. Se refería, suponemos, al tema de su preferencia sexual que tanto morbo solía generar en torno a ella aunque, tiempo después, por su propia boca en Madrid “salió del closet” a los 80 y tantos años de edad.

Unos meses después de la entrevista, la relación entre Chavela y Jesusa acabó en fenomenal pleito, según sé por asuntos de dinero, y entonces la Vargas se animó a irse a Europa que ya para entonces la reclamaba. Lo demás es Sabina, Almodóvar, Bellas Artes y, en fin, la historia de gloria artística que ya todos conocemos en sus décadas finales de vida. 

Quise compartir con los lectores de Fuentes Fidedignas esta entrevista, incluida en mi libro “La muela del juicio”, este día en que Chavela Vargas ha pasado a mejor vida (ahora sí), a manera de modesto homenaje.

 

LER

  

 

 

 

 

 

Chavela Vargas: Resurrección y salida del sepulcro

 

 

 

Por Luis Enrique Ramírez

 

 

Werner Herzog, el cineasta alemán, escuchó en su país un disco de Chavela Vargas y se dijo: “Esta mujer tiene que existir”. La buscó hasta encontrarla, en 1990, en el diminuto poblado de Ahuatepec, Morelos, con 70 años de edad y la misma entereza que desde el acetato lo sedujo. “Sueño contigo desde hace años”, le confesó, y la convenció de volver a los escenarios.

Chavela Vargas vivía retirada desde 1979. “Esas cosas que uno inventa, de que se tiene que ir. Pero mentiras, uno no puede resolver su propia vida. Todo está marcado, establecido por lo que rodea tu entorno. A mi simplemente se me ocurrió que había terminado mi misión y ya no tenía nada que hacer. ¡Qué estupidez!”.

Herzog se la llevó a la Patagonia para filmar una película, “Schrei aus stein” (“Grito de piedra”). Chavela interpreta a una indígena en esta que es la historia del primer ascenso al cerro Torre; lleva el quinto crédito en un reparto encabezado por Donald Sutherland.

“Cuando me fui a Patagonia, sabía que acudía a una cita con el destino. Allá ví la soledad más inmensa y me di cuenta de que, contrariamente a lo que creía, yo no estaba sola. En medio de aquella grandeza de nieve, llegué a la conclusión de que me había retirado a destiempo. De que no era mi hora. De que no terminé de dar lo que podía dar”.

De regreso, una amiga la invito a conocer un bar recién abierto en la ciudad de México, El Hábito. Le presentó a Jesusa Rodríguez, la propietaria, quien la invitó a trabajar allí. Así volvió a cantar Chavela Vargas.

 

-Te creíamos muerta, Chavela…

 

-Sí, lo aseguraron: “Ya no hay Chavela, se acabó. Murió la Vargas”. Muchas gentes lloraron por mí. Ahora me lo dicen: “Es que te queremos mucho, y de repente reapareces viva, y cantando”

 

-Eres el milagro de la resurrección.

 

-Es una cosa maravillosa. Llegan a verme los nietos de mis viejos admiradores, o sea que ya es la tercera generación o la cuarta a la que llego. Médicos, psiquiatras, sacerdotes, hasta una gente muy importante de El Vaticano estuvo el viernes, ¿cómo la ves? Hay quienes llegan a decirme “te oía en Inglaterra, te oía en Francia, y por ti aprendí a hablar español, para entender tus canciones”.

 

-¿Hasta dónde llegaste?

 

-A todo el mundo: Europa, Centro, Sudamérica, Estados Unidos, ¿Quieres más? Hasta a la Patagonia. Estábamos allá Herzog y yo comiendo fresas silvestres cuando se acercaron unas mujeres ya grandes: “¿Tú eres Chavela Vargas? Jamás pensamos conocer al mito más grande del mundo”. En Argentina se acaba de publicar un libro, “La metafísica del Conde de Saint Germain” de Cony Méndez, donde se lee: “Chavela Vargas es la clave tonal del tiempo”. Ni a Gardel se le dijo eso.

 

 

 

* * * 

 

 

En Ahuatepec, Chavela Vargas viste sus pantalones de todos los días, de toda la vida, de arriba y de abajo del escenario. Se los puso para cantar hace 30 años y escandalizó. “Me crucificaron, me escarnecieron. Sufrí mucho, pero ¿Por qué no iba a vestirme como a mí me gustaba? Yo quería ser lo que soy, y lo logré. Todo logro cuesta mucho, mijo, pero qué bonito es cuando se llega”.

Ha accedido gustosa a la entrevista. “Me encuentran en el momento más bello de mi vida”. Desde el principio establece: “Háblenme de tú, me choca que me hablen de usted. Señora no, Chavela. Yo pertenezco al mundo, soy su amiga”. 

En el jardín la acompañan Natali, Pepe y Beto, los hijos de Marta, la mujer que hace el aseo de su casa y vive enfrente. Ellos también la tutean. “Pásele, ahí está Chavela”. Un perro se pasea. “No es mío, pero como si lo fuera. Yo amaba a mi perra que se murió; se llamaba Vicenta Vargas y vivió 16 años”.

 

-¿Aquí con quien vives?

 

-Conmigo. ¿Qué más quiero? Soy muy feliz así. Yo nunca he querido vivir con nadie, ni nadie ha querido vivir conmigo.

 

La apertura, en principio, es limitada. La mujer legendaria se resiste a dejar de serlo: “Como dice la canción, no preguntes quién soy porque no te lo digo…”

 

-¿Dónde naciste?

 

-Todo principio déjalo, el final es lo importante. En la vida no interesa el ayer ni el mañana. Hoy. Que importa donde naces, lo que importa es donde vas a morir.

 

-¿Dónde te quieres morir?

 

-Quiero, en primer lugar, no llegar a una edad en la que le estorbes a todo el mundo, en que empieces a perder tus facultades, en que la familia no te soporta porque eres la viejita de la casa. Yo le pido a la vida que, así como nací una noche, así me vaya, tranquila, sin aspaviento. “Ya se murió la vieja esta, le vamos a hacer un velorio a todo dar”. No, a mi que en silencio me quemen y me avienten por ahí en Ahuatepec.

 

 

 

* * * 

 

 

Reside en Ahuatepec desde 1950. Hace un mes vendió su primera casa, que ella misma construyó, y la decisión le ha pesado. “Otra de mis ocurrencias, no entiendo por qué lo hice”. Ahora habita una casa roja de diseño extraño y amplio jardín.

La negativa inicial es firme, pero a Chavela la vence la insistencia y, adentrada en la plática, se decide a hablar –poco- de Isabel Vargas Lizano, la niña que nació hace 71 años en algún lugar del mundo. “Una niña rara”, dijeron siempre. “Tuve toda la angustia del mundo desde muy chica. Fui muy sola, diferente a todos los demás niños  del mundo y a todos mis hermanos y a todos los de mi edad y de mi sexo. Diferente. Diferente en la búsqueda de lo bello”. 

Eran cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres. Sobrevivieron tres porque el mayor se suicidó. “Admiro su suicidio porque fue muy elegante. Le dijo a mi otro hermano: ‘Quizá no te vuelva a ver. Adiós’. Yo pienso que hizo muy bien. Hay que ser muy valiente para pegarse un balazo como lo hizo él”.

 

-¿Tú lo harías?

 

-Mmm, no, no lo haría. No por nada sino por mí misma, y porque no tengo el valor tampoco. Soy muy vital, como Diego Rivera, como Frida, que fueron muy amigos míos; yo viví un tiempo en su casa y aprendí mucho de ellos. Nos fuimos a Janitzio un Día de Muertos y él estaba muy enfermo, pero llegó y se puso a hacer apuntes, no durmió ni un segundo; nos regresamos a México y siguió trabajando en su estudio. Tal vez él presentía que era su último tiempo… Yo no pienso que este sea mi último tiempo, no lo puedo asegurar pero estoy con muchas ganas de trabajar, con mucha fuerza, con mucha vitalidad. Eso me preocupa a veces a esta edad, ese vivir intensamente los últimos…

 

-Entonces, Chavela, por favor ¿Dónde naciste?

 

-En la costa de Guerrero.

 

 

 

* * * 

 

 

Se sabe que nació en otro país, Costa Rica, pero es la decisión de Chavela lo que importa. Cuenta que, a una edad tan temprana que ni siquiera alcanza a recordar, salió de Guerrero. 

“Luego regresé, pero ya no era el Acapulco aquel que dejabas las mecedoras en la calle y la puerta abierta. Me tocó conocer Acapulco cuando aún no llegaban ni los gringos ni nadie. Y me fui a Cozumel también cuando no había nadie. Comía faisán y caviar todos los días, los compraba en las tiendas de los Joaquín; uno de ellos fue gobernador, Pedro Joaquín Coldwell, era chiquillo cuando yo lo conocí. En Cozumel no vivíamos más que yo, un buscador de perlas y un médico muy famoso de Estados Unidos que se fue a vivir ahí por una desilusión de amor. A mí siempre me ha gustado mucho la medicina y le ayudaba al doctor, juntos curábamos a la gente de la isla. Yo cantaba en un lugar debajo de un árbol, me daban 10 pesos diarios… Estuve en los lugares más bellos del mundo cuando no había nadie. Ví el parto de México, y ví nacer muchas cosas en muchos países”.

Fue aquel Acapulco donde empezó a cantar profesionalmente. “Eran los años finales de los cuarenta. Desde entonces me puse el jorongo y el calzón de manta, salí descalza y sin maquillaje a cantar en un hotel de La Quebrada; el empresario intuyó que aquello sería un exitazo, y no se equivocó. Después me contrataron en un centro nocturno muy nice de Nueva York. Volví a México y alguien me puso a cantar vestida de strapless en un cabaret de la colonia Juárez, El Quid, que era de Ernesto Alonso. Fue un fracaso. Salía con un peinado enorme con laca, cursi cursi, y con tacones altos… Me caí, claro”.

 

-¿Nunca usaste vestidos, zapatillas?

 

-Yo odiaba eso, quién sabe por qué. Nací así. Me gustan los pantalones, montar a caballo, andar en el campo, remar, nadar, pescar. Nunca entendí por qué a las mujeres nos tienen que vestir como locas, para andar tiesas, incomodísimas. Es una agresión a la mujer. Vestirla como ordenan los grandes modistos es ponerla en una armadura espantosa.

 

Alguna vez fue presentada como “Isabelita y su guitarra”, pero a ella le gustó llamarse Chavela Vargas. “Me encantó, es muy bonito. Es un nombre como de corrido, como que suena. Jesusa y Liliana cantan “El corrido de la Chavela Vargas”: que la luna está en vela pa’ oírla cantar, doña Chavela, y que ya va a amanecer y que cante otra vez Chavela Vargas. Muy linda cosa”. Ahora Liliana Felipe dice en su Himno a Chavela Vargas: “Por ella las manos se pusieron en su sitio, las piedras se volvieron estrellas”.

 

-¿Y la guitarra, Chavela?

 

-No aprendí mucho. Es muy difícil manejarte en escena con una guitarra. ¿Qué por qué la agarraba así? No sé, ve a preguntarme por qué. Ve a preguntarme muchas cosas que no las he estudiado nunca. Unas actrices del Teatro Lorquiano en Madrid fueron a mi camerino a preguntarme donde había estudiado, y no, yo no he estudiado, todo ha sido así, natural…

 

 

* * * 

 

 

De Chavela Vargas se dijo todo. Que se cortaba las uñas a balazos y a balazos también encendía su cigarro (o su puro), que se clavaba una pistola en el cinto antes de subir al escenario y que a veces la confundían con el Indio Fernández. 

“Decían que a medianoche me robaba a las gentes en caballo. “¿Te imaginas, en las calles de México? Me mato, se resbalan los caballos. Yo no soy una gente ni agresiva ni brava. Es la leyenda negra, mijo, una leyenda negra que me hace mucha gracia”.

 

-¿Negra?

 

- No tan negra, es como…morada, es simpática. ¿Cómo me iba a robar a nadie a caballo? ¡Qué! ¿Y me iba a subir al escenario con una pistola? ¡Qué!

 

-¿De dónde salió la leyenda?

 

-No sale de ningún lado, son consejas, son cosas que se van creando a través de personajes. Como este muchacho hombre lobo que vive aquí enfrente de mi casa. Es un muchacho todo lleno de pelos, de las manos, de la cara; cuando la luna está en cuarto creciente, aúlla. “¡Uuuuuuuuu!”, así hace en la noche, pero eso yo lo cuento y dicen esta vieja está loca. Arranca las puertas, le pega a la madre y a todo mundo, tiene unos brazos así de este tamaño y es un animal en fuerza y en todo; de aquí para arriba es un ropero, y para abajo las piernas son como de animal, camina muy raro. Me dice Nancy Cárdenas que es coincidencia que él aúlle en las noches, le digo pero por qué; yo siempre miro el calendario, cada que aúlla voy a ver cómo está la luna,  y siempre está en cuarto creciente… Y pues esas son las leyendas que se van formando, como de mí cuando decían “se va en las noches de repente; tiene un contrato en México, desaparece y la encuentran en Grecia”. Pero eso es magia. Por eso no tengo ni un centavo, porque todo me lo gasté muy a gusto.

 

-¿Eso sí era cierto, que de repente te ibas?

 

-Sí, sí me iba. Nunca he tenido interés en el dinero, en hacer una carrera constante para juntar y juntar y juntar. No, yo no. Yo me iba y me gastaba todo una noche en París, invitaba a todo el mundo. Eso lo hice muchas veces. Decía ay, 1,200 dólares no es nada; mi secretaria me aclaraba: no son 1,200, son 12,000. Me amanecía en las islas griegas tomando el licor de allá, porque tomaba lo que había en el mundo. Yo me bebí todo el tequila de México, el de a deveras. Por eso ya no hay tequila bueno.

 

En 35 años, afirma, se tomó 45 mil litros de alcohol. Hace tres dejó de beber. “Ha sido otro reto enfrentarme a mi música, a mi vida, sin una gota de alcohol. El alcohol era mi evasión, mi defensa, mi fuerza para presentarme en público. Te voy a decir una cosa: el alcohol tiene una magia increíble; cuando ésta se conserva te adentras en una atmósfera muy bella…”

 

-¿Por qué dejarlo, entonces?

 

-Mijo porque te hace daño. Todo lo bello hace daño. Demasiada belleza hace un daño espantoso. Cuando el alcohol te va tomando, dices: El amor me deja mucho dolor, por eso voy a tomar. Ahora soy muy desgraciada, voy a tomar. Pus ora estoy muy feliz, voy a tomar. Pus ora estoy acompañada, voy a tomar. Pus ora ya me dejaron, voy a tomar. ¿Entiendes? Ya pones de pretexto todo en el mundo para beber.

 

-Y el tequila era lo que te gustaba…

 

-Muuuuucho.

 

Valtierra quiere saber cuál es el mejor tequila, y se lo pregunta a Chavela: “¿Qué diga yo la marca? Ay Pedro, no, que me pague la compañía y la digo”. Cuenta:

“Fíjate que una vez cometí la gran imprudencia de anunciar un tequila. Claro, la fábrica me mandaba mis cajas y todas me las tomé, todas me las tomé. Aquel tequila se llamaba Los Ruiz. ¿Sigue Saliendo? ¿Ah sí? Bueno, pues yo lo anunciaba y salía diciendo: “Llegaron los Ruiiiiz”. Empezó a gustarme mucho aquel tequila y nomás de ese bebía. Decían los Ruiz “¡Como vendemos tequila!”, pero era yo que me lo tomaba todo… 

“Ah, pero me divertí mucho con los Ruiz. Y con los Sauza, eran amigos míos”. 

Nuevamente la insistencia la hace responder y revela:

 

-Pues para mí el mejor tequila es ese amarillito, el Herradura, aunque también el Hornitos reposado y… Ay, todos eran buenos, ahora ya creo que no, dicen que al tequila se le ha quitado mucho esa calidad que tenía, porque ya lo mezclan, ya no es el puro. Yo lo tomaba por la pureza del alcohol; ya que tomaba alcohol, pues por lo menos que fuera bueno… Y ahora yo no te tomaría un ron, que es una cosa sintética…

 

 

* * * 

 

 

Recorremos el jardín aprovechando los últimos rayos solares para las fotografías. Chavela observa basura regada y dice:

 

-Voy a buscar quién la echa pa’ matarlo.

 

-Supongo que es de la casa de junto.

 

-Supongo que alguien va a morir.

 

Marta ríe: “No lo diga porque van a salir corriendo”.

 

-¿Tiene algo de cierta la leyenda de Chavela Vargas?

 

-Mira me inventan, y yo dejo que me inventen. El alcohol me hacía ser un poco agresiva, no lo niego. Pero yo soy un ser muy dulce, fundamentalmente, de una gran timidez. Muchas veces me disfrazaba de altanería para defenderme. Le tenía miedo a todo; ahora ya no le tengo miedo a nada, porque sabes… Pienso que estoy, no sé… Es que no puede uno aseverar nada, decirte: estoy liberando energía ya para el viaje final. Todavía no estoy liberando la energía que se libera antes de partir. Yo pienso que no voy a morirme y punto… Esa yo pienso que es la reencarnación. Por ejemplo, mis experiencias en El Hábito con el público para mí son un reencarnar constantemente. El reencarnar es ir de cosas a cosas. Soy un ser que la mayor parte de la vida la vivo muy feliz, pero yo me labré mi felicidad. No esperé que nadie me la hiciera. El amor no es la felicidad, es una parte de la vida. La felicidad eres tú, cuando eres lleno de salud, de energía positiva. Yo me fui a la India a aprender acerca de esto. Ahora me levanto aquí a las cuatro y media, cuarto para las cinco de la mañana, y voy a la montaña a meditar, voy a pasear, a llenarme de oxigeno, hago pesas, me alimento muy sencillo –una vez al día nada mas- y tengo 71 años con la vitalidad… Yo podría estar bordando, tejiendo, ¡ay no!

 

-¿Esta energía, entonces, te la dio el acercamiento a la filosofía hindú?

 

-La filosofía de la vida es la que sientes. Por más que estudies, mientras no estás preparado para recibir toda esa sabiduría y toda esa luz, de nada te vale ir a la santa India y a los 500 Tibets. Yo fui cuando ya estaba preparada para entender las cosas y las pláticas. Ahora mándame a todos los psiquiatras del mundo y te van a decir ¡qué ser más centrado! Es que estoy muy feliz ahorita. Y todo eso se proyecta, mijo.

 

-¿Estas enamorada?

 

-No, me acaban de dejar de amar y me dieron en la torre. Me hizo mucha gracia porque me traicionaron antes de tiempo. Acabo de tener esa experiencia, el 18 de diciembre o antes del 18 de diciembre ya me habían traicionado. Siempre me pasa. Dicen “ay la Vargas, ay no, vamos a traicionarla antes de que nos haga una porquería”. Antes de que yo haga algo, me traicionan; el miedo a que me les adelante. Pero yo nunca he traicionado a nadie, mi amor, ni en amistad ni en nada. Yo borré desde hace mucho tiempo de mi diccionario la palabra traición. Nancy Cárdenas está escribiendo un libro sobre mí, y Werner Herzog va a hacer un documental sobre mi vida. Ahí van a ver qué gentes me traicionaron y por qué, se van a divertir mucho. Lo que sí voy a decirles a ustedes es que me encontraron en el momento más bello de mi vida: en el retorno artístico, en el amor del público. Una gente me quita su amor de un momento a otro…. Pero ¡qué facilidad para enamorarse, oye! Me deja hoy y ayer ya se había encontrado a alguien más! A cambio, 170 gentes por noche me dan amor. ¿Qué mas quiero? Esa persona no puede tener todo el amor que yo tengo a la orilla mía. Es la vida del artista. Para qué nos hacemos tontos, todo no se puede tener. ¿Cómo voy a tener una gente que me ame si el público me quiere tanto?

 

-Pero ¿no basta con el amor del público?

 

-No, no basta. Como individuo humano necesitas un amor que te espere, que te quiera. Vienes de una noche gloriosa, pero al final hacen falta unos brazos que te esperen para descansar, para comentar, para contar. Yo no lo tengo, bueno, me quedo en esa magia del público.

 

-¿Por amor dejaste de beber?

 

-El alcohol no lo dejé ni por la India ni por los Alcohólicos Anónimos. Yo dejé de beber porque amaba a una gente. ¿Me explico? No porque me amaban. Porque yo amaba. Sin embargo, me dejaron de amar y no volví a beber. Creo que hay algo químico en mi organismo, alguna cosa física y psíquica que me ha ayudado a no volver a beber. Yo, no vayas a pensar que soy un ser dolido. Yo fabrico el amor, mientras esté bien de salud. Porque uno ama con la vesícula, ama con el cerebro; el corazoncito no me lo metas en eso, es el único que no descansa nunca, ¿cómo va a servirte además para amar?

 

-Dicen que amamos con el hipotálamo.

 

-Con el hipotálamo, con el hígado… Cuando estás enfermo de la vesícula no hay amor que te dure, amaneces con muy mal genio. Y amas con tu cerebro, porque a través del amor tú mismo inventas a la gente y la haces maravillosa. Cuando te cansas y dejas de inventarla, se acaba.

 

 

 

* * * 

 

 

Al fondo del jardín hay una barda cubierta de bugambilias. Dice Chavela que éstas se encuentran entre las flores más bellas del mundo. “Aguantan hasta la sequía, no es una flor que hay que estarla consintiendo. Lo bello no se consiente, se te da solo y es perdurable”.

Sobre bugambilias cayó Emilio “El Indio” Fernández hace muchos años, en su casa de Coyoacán, tras recibir un empujón de Chavela Vargas. El suceso forma parte de la mitología artística de México.

“Pero es que él me tiró como tres balazos antes. Nos había invitado a comer a María Elena Marqués y a mí. Fuimos, y tú sabes que él bebía como loco; se emborrachó, empezó a pelearse con unos patos que tenía en su casa, y luego agarró el pleito conmigo y con María Elena. Nos disparó con una .38, empezaron a volar balazos por toda la casa. Le dije a María Elena: déjame ir a buscar una pistola porque si este me va a meter a mí un balazo yo le meto veinte. No encontré ninguna. Qué bueno.

“Pensé: ¿qué tiene “El Indio” más que yo? Y lo empujé. Tirado, siguió echando balazos por todos lados. Rompió unas ollas y a mí me cayeron los tepalcates en la cabeza. Le dije: Si se trata de agarrarnos a balazos, préstame una pistola y estamos los dos al mismo nivel. Pero no, ni siquiera nos dejaba salir. María Elena y yo nos tuvimos que brincar por una ventana.

“Por eso te digo, ¿cómo iba yo a andar echando bala si siempre me agarraban en falso? Una vez fui a cantar a una fiesta muy elegante de políticos aquí en Morelos, en una hacienda que se llamaba San Gaspar, y que se agarran a balazos todos. Yo me metí debajo de una mesa y decidí: de aquí no salgo aunque me maten. Estiré el brazo, alcancé a agarrar una botella y ahí me quede muy a gusto como dos horas. Me la tomé toda.

“Emilio era un personajazo, pero después de 30 tequilas, luego luego la pistola. Y agarraba contra quien fuera, contra la hija, contra los animales, contra quien tuviera enfrente. Adela es un ser maravilloso, más que su padre. A ella la quiero como a una hija, como a una nieta, y él y yo fuimos muy amigos, yo lo adoraba. Por eso, en lugar de tirarlo en un basurero, lo eché sobre las bugambilias, lo arrojé encima de lo bello. Después de aquel incidente dejamos de vernos. Ya cuando hay balazos de por medio como que se enfrían las relaciones.

“Fui muy amiga de grandes personajes: Pablo Neruda, García Márquez… Pienso que hubiera sido gran amiga de Federico García Lorca. Cuando estuve en España, me recibieron los gitanos de Sevilla para bautizarme en su religión; fue un homenaje increíble aquella noche, a la orilla del Guadalquivir, y tocaron mi tema de Macorina por soledades, por seguidillas, por sevillanas; cantaron toda la noche Macorina y nunca fue igual”.

 

-Macorina es el himno de Chavela Vargas.

 

-E himno, te voy a decir, de un grupo de guerrilleras. No voy a revelarte de qué país porque las descubro, pero yo estuve en su campamento, y hubo quienes me advirtieron: te van a matar si entras allí. Les dije no, a mí no me mata nadie, yo no voy a pelear. A mí me invitaron los guerrilleros a su escondite en la selva y por las noches cantaban Macorina, que era el himno de las mujeres de la guerrilla.

 

 

* * * 

 

 

Llegan a entrevistarla periodistas alemanes, ingleses, franceses. “Mi propaganda ahora es cuestión de Europa. Los periodistas me dicen: se está hablando mucho de ti allá”. Muestra algunos de los artículos recientes escritos en torno a ella en aquel continente. Se habla de su retorno a los escenarios y se le presenta como precursora mexicana del feminismo. 

Este es su reencuentro con la fama, pero Chavela Vargas jamás dejó de cantar, aclara: “He estado cantando en mi casa y en todas partes. Cantaba la misa los domingos aquí cerca, en el Monasterio de los Benedictinos. Dejé de ir porque me caen mal los curas”.

 

-¿Deveras te dejaban cantar en la iglesia?

 

-Claro, si a mí los curas me quieren mucho. Yo soy la que no los quiere a ellos.

 

-¿Eres creyente?

 

-Sí, creo en muchas cosas bellas. Creo en lo que veo, creo en lo que toco, creo en la vida, creo en el amor, creo en lo bueno, en lo positivo. Eso es ser creyente ¿no?

 

-¿Crees en Dios?

 

-Es una pregunta difícil de contestar. Creo en todo lo bello del mundo, pienso que dentro de ese contexto está Dios. Yo creo en el ser humano, que es lo más grande que ha creado Dios. Te reconcilias con la vida cuando encuentras un Werner Herzog, un artista de ese tamaño. Entonces creo, creo en todo.

 

A Ahuatepec llegó en los inicios de su carrera y continuó viviendo allí después de alcanzar la fama. En Ahuatepec seguirá toda la vida, afirma.

 

“Amo este lugar, el paisaje, la gente que es maravillosa, muy valientes, muy cariñosos, aunque a veces huraños. Gentes sabias del pueblo están muy cercanas a mí, gentes que todavía hablan náhuatl, y me cuentan muchas historias de cuando la revolución aquí. En un cerro que se llama La Herradura hay cuevas y ahí guardaban armas, ahí estuvo Zapata; había una señora, doña Amada, que estuvo con él; comían maíz crudo y pasaban muchas hambres. Esta región está llena de magia, y esto que te digo es muy cierto porque aquí cerca encuentras Tepoztlán y también Amatlán, donde nació Quetzalcóatl…”

 

Hace 15 años le compuso una canción a Ahuatepec, “pueblito chiquito bordado de amor”, y hoy sigue incluyéndola entre lo mejor de su repertorio.

Ahora Chavela Vargas está presente en el mercado discográfico en compact-disc. “Orfeón no me suelta. Ni me paga, pero bueno, son muy simpáticos”. Los discos que grabó originalmente hace 30 años ahora son reeditados de acuerdo con los avances tecnológicos de la industria. La Vargas ha vencido al tiempo, a las modas, a su retiro de 12 años. El poder hipnótico de su voz se confirma.

 

“Es muy difícil de explicar esto… Tal vez haya en mi forma de cantar un poco de angustia, una nostalgia inmensa… Canté desde que nací, pero no fue fácil; tenía atorada la voz en el alma y quería soltarla; era como una yegua amarrada a un poste que para soltarla hubo que reparar mucho. Desde que lo logré, he cantado de todo: chilenas, brasileñas, boleros, pero para mí la música ranchera es la más bella. Cántale al mundo todo lo que se te ocurra pero bien cantado, bien dicho… Yo canto para mí a veces, es una evasión total. Luego es muy difícil volver a la realidad, porque yo siempre estoy en un nivel de sueños. Ahora que canto sin alcohol, tengo más conciencia de todo. Antes no veía al publico por el velo ese de la bebida. Hoy lo veo y canto siempre con de atrás para adelante, con de adentro para afuera, con todo mi entorno. Todo me motiva, todo es motivación en mi vida…”

 

 

* * * 

 

 

Cantando por vez primera sin alcohol, la Chavela Vargas que hoy vemos es una mujer y una artista nuevas, dice.

 

-¿Te gusta más así o como lo hacías antes?

 

-Es que antes no te sé decir si me gustaba, es que no lo hacia conscientemente. No preparé nunca el ser como fui. Era, punto. Ahora soy, y punto. Soy como soy siempre.

 

-¿Esta Chavela es más auténtica?

 

-Si, todo estimulo químico es fatal: el alcohol, las drogas… A eso sí nunca lo hice, a las drogas; las probé una vez y dije no, yo no nací para caer en las drogas. Me entró curiosidad porque veía cómo mis compañeros, cansados, se reponían o se bajaban un cuete a base de cocaína o pastillas. Pero vivían un mundo que no es, como yo con el alcohol. Ahora estoy con los pies en la tierra. También dejé de fumar. Y estoy muy feliz, estoy muy tranquila…

 

Chavela, empero, siempre será una rebelde, aclara. Es una rebeldía que nació con ella. “A mí no hay quien me ate ni me ponga trucos”.

 

-¿Cómo ves a México ahora, Chavela?

 

-Pues mira, la cosa ya está muy tranquila. Si no es en el fondo, aparentemente y ante muchos países tenemos fama de eso. Yo he estado en muchos lugares y la tal libertad no existe. No vayas a creer… En México somos un país en vanguardia en muchos aspectos, la liberación femenina aquí es auténtica, ve a otros países, a Centroamérica, y verás una represión que se te para el pelo… 

“En El Hábito estuvo Cuauhtémoc Cárdenas la otra noche ¿y quiénes estaban a la par? Los multimillonarios estos, dueños de Guadalajara entera, no me acuerdo cómo se llaman. Yo le dije: ‘Cuauhtémoc, te saludo con amor porque te conozco desde chico’. Y es cierto, yo desde los 15, 16 años lo conocí. Fui amiga del general Lázaro Cárdenas y de Amalia. Al general le fascinaba la música, le gustaba mucho oírme cantar, me invitaba a su casa de Cuernavaca. Era un hombre lleno de armonía, y Cuauhtémoc es igual; lo tiene un poquito reprimido, pero es un hombre muy alegre, está lleno de luz.

“Y te digo, la gente aplaudía cuando saludé a Cuauhtémoc, y entre quienes aplaudían estaban estos señores, los millonarios de Guadalajara. El arte une más que la diplomacia, más que la política… Pero yo no sé nada de política, mijo, nunca me gustó. Tuve oportunidad de entrarle, uh, como no, pero a mí lo que me fascina es conquistar al mundo a través del arte del canto, de la verdad del amor. Yo tengo otro mundo, aparte”.

 

Su mundo es, ante todo, el de la libertad, afirma.

 

-A mí me siguen diciendo que yo siempre doy la sensación de una gran libertad en el escenario. Unos periodistas alemanes decían que el arte se paró un segundo al ver una señora que se presenta con un jorongo, calzón de manta, descalza y sin maquillaje. Era una figura nunca vista, pues, pero había arte además. Ahorita ya puedes hacer muchas cosas, ves a muchos cantantes cómo se visten, cómo salen. Me gustan estos nuevos artistas por la estética, por lo bello de sus presentaciones, porque hacen uso de esa libertad de hacer, de vestirse como les da la gana…

 

-¿Esa libertad es tu herencia, Chavela?

 

-La libertad en todos los aspectos. Que no se dejan poner un truco. Nadie. Aunque te sientas solo. Yo de niña no lo entendí, pero ya de joven supe que si tú haces tu propia vida, si te rodeas de cosas mágicas, ya no existe la soledad. Me sentía no aceptada, rechazada, pero luché contra eso, y pienso que he abierto surcos para una nueva generación.

 

-¿En esa lucha estuviste sola?

 

-Absolutamente. En esas luchas siempre estás sola, no puedes involucrar a nadie ni esperar que nadie se sume. Tu lucha es tu lucha. Y no eran retos, era abrir caminos. Yo sembré una brecha, la sembré de luceros. Esos luceros son los que iluminan mi vida, y espero que hayan dado luz también a quienes me siguieron.

 

 


Publicado el Domingo, 05 Agosto 2012 20:18
Visitas: 24938