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POLÍTICA PÚBLICA 

José Ramón Guzmán Serrano

Mentir con la verdad

00:00 - 08 Septiembre 2014

POLÍTICA PÚBLICA 

 

 

“La primera vez que me engañes, será culpa tuya;

la segunda vez, la culpa será mía”.

Proverbio árabe

 

 

La verdad de las cosas, es que Otto Von Bismark se quedó muy corto cuando dijo eso de que nunca se mentía tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería; si existe algo que los políticos pueden hacer con la pericia y astucia necesarias para salirse con la suya, es mentirnos. Olvídese usted del hecho de que logren hacerlo con toda impunidad, sino que algunos mienten con una elegancia envidiable y una gracia pasmosa. Y si dentro de la casta de los mentirosos puede usted encontrar verdaderos artistas, a nuestro juicio ninguno logra igualarse a los de la clase de los legisladores. Ese sí que es verdadero y no falso genio. Permítame usted preguntar ¿Cuántos problemas ha escuchado que se solucionarían a través de una nueva ley? ¿Cuántas iniciativas de ley ha presentado ese partido político por el que votó? ¿Ha percibido usted algún cambio en su entorno producto de esos sesudos ejercicios? Para que no le digan y no le cuenten, porque seguramente le mienten, el día de hoy platicaremos sobre los elementos mínimos con que una norma jurídica debe contar para tener siquiera la oportunidad de intentar transformar una realidad determinada.

 

De acuerdo a lo señalado por Sabatier y Mazmanian (1981) en su ensayo denominado “La implementación de la política pública: un marco para su análisis”, existen 7 elementos que debe tener una ley para contar con posibilidades de éxito: 1) Que cuente con objetivos precisos y jerarquizados con toda claridad, esto es, que la ley no tenga objetivos vagos o quiméricos, así como que entre los mismos puedan identificarse los valores o principios supremos que la norma pretende proteger; 2) Que cuente con una teoría causa-efecto, esto es, que el proyecto de ley identifique con un grado considerable de certidumbre las causas por las que existe tal o cual problema social, enfocando sus energías para que cesando la causa cese también el efecto; 3) Que contemple otorgar recursos públicos, tanto humanos como financieros y materiales, para que las agencias públicas puedan trabajar en la instrumentación de la ley; 4) Que en el proyecto hayan sido consideradas todas aquellas resistencias, tanto burocráticas, como culturales o políticas, que podrían poner en peligro el cumplimiento de la ley una vez aprobada; 5) Que sean contempladas reglas de operación para las agencias responsables, de acuerdo a los objetivos propuestos por la ley; 6) Que el cumplimiento de la ley sea encargado a agencias públicas partidarias de los objetivos señalados, así como con la posibilidad de conceder prioridad a su cumplimiento dentro de su esfera de funciones; y 7) Que la ley contemple la participación de actores externos, tales como organizaciones no gubernamentales, universidades, o centros de investigación, mediante una reglamentación flexible que les permita la participación en la supervisión de los objetivos de la ley.

 

Por último es necesario aclarar, tal y como es señalado por los autores, que si bien no existe garantía alguna, aún cumpliendo con todos los elementos señalados anteriormente, de que el proyecto una vez aprobado logrará con eficacia y aún con eficiencia el cumplimiento de los objetivos deseados, es cierto que un proyecto que no cuente con este mínimo de racionalidad no tiene la menor posibilidad de lograr todo aquello que promete llevar a cabo. Ahora bien, si la mentira que le pretendan echar es piadosa, sutil o descarnada, cruda o aterciopelada, lúdica, por omisión, por acción o por comisión, le corresponde a usted decidir si la cree o hasta aprovechar la oportunidad para reírse un poco. Después de todo, tal vez tenga algo de razón quien dijo que sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento. ¿Será verdad o será mentira?

 

Mala leche

La vida sí que nos da sorpresas. Envalentonado con los pulsos recibidos desde el centro de la República, el senador Aarón Irízar López se aparta del bajo perfil con el cual se ha venido moviendo en su búsqueda de la candidatura por el gobierno de Sinaloa. Señalando que mientras el premio de su compadre Jesús Vizcarra es de naturaleza “eminentemente empresarial”, el suyo sí corresponde a su larga trayectoria en el servicio público, por lo que pide ser apuntado con “pluma imborrable” como pre-candidato. Esperamos que también se encuentre escrito con pluma imborrable en los anales del CEN priista, el hecho de que en la elección de 2010, mientras en Guasave obtuvieron un 29 por ciento más de votos que en 2004, en Mazatlán un 24 por ciento, y en Culiacán un 55 por ciento; en Los Mochis la votación recibida por Jesús Vizcarra se desplomó en un 46 por ciento respecto de la recibida por Jesús Aguilar Padilla en la elección anterior. Qué andaría haciendo Aarón Irízar, entonces coordinador de campaña de Vizcarra en dicha demarcación, mientras la alianza por el cambio les comía el mandado. Bien dicen que no hay compadre que no haga daño.

 

La del estribo

No miente Marco Antonio Higuera Gómez cuando afirma que el hecho de que Juan Carlos Cristerna Fitch se encuentre libre no significa que éste es inocente del asesinato de Perla Lizeth Vega Medina, desgraciadamente el abismo entre la verdad legal y la verdad histórica es muchas veces insalvable. El problema es la evidente incapacidad de la Procuraduría de Justicia del Estado para determinar quién es el asesino de la maestra y buscar que éste sea castigado con arreglo a las leyes que nos rigen. Todo parece indicar que éste será un caso más que es relegado por las autoridades a las bóvedas del olvido, donde el tiempo y el polvo terminarán de sepultar lo que fue sepultado por el hombre. La única Historia que podría ocuparse del asunto es la de la infamia.

 

Twitter:  @jramonguzman

 


Publicado el Lunes, 08 Septiembre 2014 00:00
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