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Sandra Ochoa

Chango viejo con maromas nuevas

01:45 - 29 Abril 2013

LA MANGA

 

Sandra Ochoa

 
 
 

En el año 2000 se despide el gobierno priista para dar paso a la alternancia en el poder presidencial y se inaugura el gobierno de Vicente Fox. En un principio el nuevo presidente se mostró cauto, si nos referimos al control político inherente al ejercicio en la administración pública.

Las áreas financieras quedaron casi intactas y continuaron funcionando en la línea marcada por un proyecto económico y el método tecnócrata –zedillista. 

Al final de su sexenio Fox pudo presumir del buen manejo de las finanzas y de la aceitada maquinaria hacendaria cada día más moderna y eficiente, así como del papel de BANXICO: “las variables fundamentales de la economía están fuertes y dan seguridad", decía casi a la conclusión de su mandato. Efectivamente, los perfiles de inflación, tipo de cambio, sector externo y deuda pública mostraron mejora con relación a los valores históricos.  

El diseño político-administrativo en las diferentes secretarías en su mayor parte también fue respetado, salvo raras excepciones y casualmente fueron esas secretarías en donde el foxismo tuvo dificultades: La Secretaría de Educación Pública, el área de comunicación social o la oficina de la presidencia. La Gordillo y su SNTE y el factor Martita estuvieron muy activos durante el sexenio.

Como cuando gobernaba el priismo, Fox nombró a sus secretarios y estos formaron sus equipos con gente de su confianza o con aquellos que le eran imprescindibles para los asuntos técnicos o políticos. Se concedían algunas posiciones a organizaciones sociales o privadas en función de su representatividad o necesidad para legitimar a la propia institución y así proyectar la imagen de un gobierno incluyente. 

Este diseño que por muchas décadas dio buenos resultados al priismo, permitía las sinergias necesarias para el control político y metabolizaba las diversas manifestaciones internas del panismo y los grupos opositores; asimismo brindaba los márgenes y espacios de negociación ineludibles para todo gobierno, en este caso mucho más, tratándose de la alternancia en el poder presidencial. 

Hoy México vive su segunda alternancia en la Presidencia de la República y el Partido Institucional gobierna después de 12 años de panismo. El asunto central es lo delicado y significativo del hecho del cual parecen no percatarse  el equipo de Enrique Peña Nieto ni las bases priistas.

El esquema de un gobierno no puede diseñarse en función de un sólo objetivo (la aprobación de las reformas), o de intereses electorales de corto plazo (El próximo proceso electoral en 14 estados de la república.); o determinarse por el control absoluto de un equipo mínimo posicionado en la acción y visión vertical y centralista marginando a otros grupos de poder internos o externos. Pero sobre todo, no puede ignorar a las organizaciones de larga trayectoria y fuerza del sector social y privado que han quedado al margen de sus pequeños cotos de poder tradicionales en la administración pública. 

En el diseño de la administración pública y su interrelación con la acción política el gobierno priista adquiere un parecido asombroso al del desparpajado Felipe Calderón, en donde las negociaciones políticas con sus actores y los grupos sociales y privados estuvieron al margen del diseño tradicional que definía un organigrama organizado y eficiente tanto para fines políticos como administrativos.

La política interna del país es de suyo importante y su titular asume ese poder en consecuencia. Ahora lo es más cuando integra a su estructura las áreas de seguridad. La confusión entre magnesia y gimnasia está presente, aunque no igual, pero se parece mucho si se tiene memoria de la actuación que tuvo Juan Camilo Mouriño cuando fue secretario de gobierno. 

Durante el calderonismo vimos por primera vez como los titulares de las secretarías no pudieron nombrar sus subsecretarios y hasta una dirección de área necesitaba la aprobación y firma  de la presidencia,  de la secretaría de gobierno o de algún personaje cercano al presidente fuera de su organigrama natural. No se diga de los nombramientos en las delegaciones en donde era atropellada la autoridad de los secretarios por negociaciones políticas, aunque dichas decisiones beneficiaran a tal o cual político incapaz para el cargo. 

A partir de ahí cualquier personaje sin importar trayectoria o capacidad podía ser diputado, presidente municipal, delegado y todo aquello que se le ocurriera. 

Si analizamos el caso Veracruz relacionado con el mal uso de recursos que involucran al delegado de la SEDESOL y los funcionarios de gobierno, vale la pena preguntarse si es justo acusar a su secretaria. ¿Cuántos delegados y funcionarios de alto y medio nivel nombró Rosario Robles?

También pensemos que los equipos cerrados que centralizan el poder suelen llevarse los mayores descalabros en sus momentos de conflicto y enfrentamiento interno. Debilitados representan la jugosa presa de una larga fila de resentidos y marginados del pastel político. 

Conversaciones en Los Portales.

-¿Ya? viste Las fiestas para firmar convenios de SEDESOL con las corporaciones empresariales se parecen a las de Susanita del cuento de Mafalda.

-No entiendo...

-Susanita convoca a sus amiguitos para reunir comida para los pobres y sirve caviar y delicados bocadillos a cambio de reunir latas de atún, frijol y sopas maruchan.

-¡Ni en Yucatán te va a dar trabajo Rosario!

 

 

 


Publicado el Lunes, 29 Abril 2013 01:45
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